Entre colinas y verdes praderas, esta pintoresca ciudad se eleva con su rica historia del trabajo entre indígenas y jesuitas.
En su corazón se mantiene añejas casas, que son testigos de la elaboración de magníficas tallas de imágenes barrocas que hoy se guardan en su museo.
Entre cañaverales se abre paso al progreso, con el ingenio azucarero que da trabajo a gran parte de la población, mientras la restante se dedica a la artesanía y la agricultura.